Chico-Papel y Chica-Letra

Chico-Papel siempre vivió sin márgenes.
Fué reciclado 3 veces, si mal no recuerdo.
Recordaba lo feliz que había sido en el borrador de aquel poeta.
Aunque tambien tomó forma de página inicial del manual de instrucciones de un corazón y número 254 de libro editado, donde la protagonista de la novela perdía las llaves.
Conservaba pliegues en sus esquinas porque le gustaba prestarse a los niños que veían en él avión planeando en el aire.
Chico-Papel huía de las oficinas como del fuego de las chimeneas.
Sabía que allí las secretarias tenían la tendencia de arrugarlo y lanzarlo a un canasto donde habían más Chicos-Papel que hablaban sobre márgenes de ganancias, sistemas de explotación y previsión de riesgos.
Chico-Papel corría lejos, muy lejos del sonido de las trituradoras y de la fotocopia.
Y luego respiraba aliviado tumbado entre la hojarasca del parque.
A Chico-Papel nunca le importó amarillearse ni tener apariencia de pergamino. Pero, en ese momento, se sentía en un blanco vacío.
Chica-Letra nació entre un bote de tinta y las formas de una pluma. Recordaba su etapa numérica acompañando a los precios formando palabras como “cereales y mantequilla” en la máquina registradora de aquel supermercado de las afueras.
Etapa numérica perfectamente olvidable.
Chica-Letra una vez soñó con un lugar donde escribirse,
donde alguien compartía sus letras,
todavía no lo habia encontrado.
Un día Chico-Papel y Chica-Letra tropezaron en una esquina del centro de la ciudad.
Ella era una pintada contestataria en los ladrillos.
Él un papel de propaganda de piso astronómico, olvidado,
flotando en un remolino creado por la corriente.
A Chica-Letra se le cayó una A de la palabra Justícia en forma de saludo.
“A” que fue a parar en parapente a la palma de la mano de Chico-Letra.
Fue un saludo extraño pero inteligible.
No supieron volver a estar solos.
Por las noches… Chica-Letra posaba la palabra CABEZA sobre el hombro de Chico-Papel…
Chico-Papel se doblaba para arroparla.
Y se contaban sus reciclajes y errores tipográficos…
Se escribían historias sin borradores que hacían cosquillas.
Y aprendían a dibujar a lápiz.
Un día de tormenta, como locos, y aun sabiendo el peligro que conllevaba ser papel y letra mojados.
Se abrazaron bajo la lluvia.
Atracción de agua y gotas resbaladas.
Papel y letra se disolvieron en pedacitos ínfimos de todo y de nada.
Pedacitos que flotaban en el aire como diminutas diademas colgadas de las farolas,
o navegaban como imposibles góndolas río-calle abajo.
Y así, divididos en mil mitades,
Chico-Papel y Chica-Letra fueron renombrando los lugares que encontraron a su paso…
Como ver nevar, como adhesivos imborrables y palabras nunca dichas
minúsculas bolitas de papel se posaron reinventando
los columpios y las terrazas,
los susurros y las calles…
el mundo y las ciudades
tus manos y las mías.
P.D.0: Al fin y al cabo, quién era chico papel sin sus letras? :)
P.D.1: Y a los lugares a los que CH-P y CH-L no llegaron… es a lo que hoy día denominamos como “no tengo palabras”
P.D.2: En el RadioBlog “In Other Words” de Ben Kweller :P



