September 23, 2004

5 Kilómetros hasta el aeropuerto

Cuando volverás a ver despegar aviones conmigo?

Dejaste migajas de pan por todas las aceras para que pudiera encontrarte.
No sé si ésta es la primera que lanzaste o la que te precede a ti.
En el suelo, las hojas de árbol con 8 picos ruedan como en un ventilador sin enchufes gigante y borran todo rastro de flotadores salvavidas en la arena.
Mirándolas no puedo estar seguro a ciencia cierta de si tu tacto sabía a corteza.

Una vez me dijiste que habías guardado el otoño en los botones de tu blusa amarilla.
Que si alguna vez te tuviera que buscar… te buscase allí.

Recuerdo la frase. El problema es que no te recuerdo a ti.

El mundo se me aparece recién inventado. Como un collage de periódicos del que sólo tengo cuatro piezas. Como si estuviera completamente seguro de la mitad de cifras de un número de teléfono, al que la otra mitad han arrugado como a una servilleta.

Por eso es necesario que empiece desde 0. Intentar saber quién eres en la foto.
Recordar donde nos conocimos. Intuir que calle estás cruzando.

Pierdo el miedo a traducir amnesias (tus señales), los neones, la ciudad en puntitos de colores
y subo de 2 en 2 al tejado más alto. Vagabundo de tus piernas.

Una vez te dije que si alguna vez tuviéramos que enviarnos postales… el acuse de recibo se encontrase donde esta ciudad se parece demasiado a Tokio.
También recuerdo esta frase. Cuando la pronuncié no le dimos mucho sentido.
Sigo sin acordarme de ti.

Debe de ser aquí arriba. Recuerdo que ésta era nuestra ventana sin marcos. Algo como la Torre Taipei sin finanzas. Un buen lugar donde apartarse las nubes de las rodillas.
Desde la azotea, el pulso de la ciudad es el de alguien que ha estado corriendo sin motivo alguno durante 4 horas.

Las calles, los comercios, los faros y farolas y los coches parpadean,
como ver temblar un labio,
como el panel de control de un Boeing a punto de estrellarse.
En una parada de autobús cualquiera,
alguien abre la boca intentando tomar aire.

Todo se parece demasiado a Tokio. Debe de ser aquí.

Intento localizar entre las pinzas de los tendederos, el brillo,
la luciérnaga intermitente que dejé en tu ombligo.
No hay suerte, ni huella.

Me duermo sobre el tejado buscando atentamente la luciérnaga, como el que en el sueño desiste de contar otra oveja. Entonces viene un remolino de migajas, colores, caras que no recuerdo, tu perfume y todo lo demás. La noche se va cerrando como una persiana y como un fakir se traga todas las luces.
Se bajan los telones de las últimas funciones en los teatros y los trenes empiezan a arrastrar sus vagones vacíos.

5 minutos, 5 horas con los ojos cerrados, no hay manera de estar seguro.

Me despierto. Un globo rojo me roza la cara. Un globo rojo separado de una mano a un hilo que ha debido serpentear desde unos 57 pisos más abajo. Un invitado rojo y extraño. Lo atrapo sin caerme. Y sin saber por qué.

Una nota pegada: “ Cuando volverás a ver despegar aviones conmigo?
Y las imágenes, y todos los telegramas vuelven a mi como cuando a un libro que se acaba de imprimir, le devuelven todo lo que tenía que decir. Como a un hotel al que acaban de renumerarle todas las habitaciones.

Tiritas y parches para el juguete estropeado de la memoria.
Sé quien soy, sé quien eres.
Al menos por ahora.
Al menos nuestros nombres.
Estamos más cerca de lo que pensaba.
5 Kilómetros hasta el aeropuerto.

P.D.1: En el RadioBlog—> “Yann Tiersen & Natacha Regnier - L’Echec” :)
P.D.2: A Tokio, que quizás nos quiere.

September 3, 2004

Ecrispirar

Ecrispirar hasta en los Zapatos

Escribir. Por piel, por poros, por axila.
“Ecrispirarte” toda la noche, sin remedio.
Salvarme de las esquelas anticipadas y de los esqueletos,
de los “antes-nós” y de las antenas.
Pegarle una patada al televisor y escapar de un portazo de los simuladores de entierros.
Saltar todas las aduanas.
Vencer por K.O los combates amañados sobre la lona que decían: Tírate en el quinto.
Hacer tragar los ases a los trileros de la mentira.
Fusilar a los que aplauden en los “Requiems”.
Correr.Patinar.Buscarte.
Necesito encontrarte toda la noche, sin remedio.
Seguir tu rastro en las aceras.
Regalarte el pendiente que hice con la espiral de mi libreta.
Empapelar el cuarto de letras que tartamudeen tu nombre.
50 hojas de 70 gramos sueltas.
Calcular cuántas postales son necesarias para construir una escalera hacia París
si Pablito tiene ahora cuatro.
Quemar todas nuestras máscaras en los canales de Venecia.
Pasarle el trapo a las ventanas sin paisaje.
Acurrucarnos entre cajas de manzanas,
y enredarme como un pez en tu goma para el pelo.
Respirar tierra mojada. Compartir nuestras migas. Mordernos sin vacunas ni veneno.
Atrapar una pelusa en el aire y enviarla en vuelo soplado pidiendo un deseo.
Improvisarnos de memoria como compañeros de pupitre.
Dejarnos de mensajes en el contestador. Colgarnos del segundero.
Dolernos como verdades en todo el cuerpo.
Tener la certeza de que no voy solo cuando duermo.
Hay mil caminos a escoger para equivocarme y no pienso coger ninguno.
Me dieron una tabla con las prioridades cambiadas y la partí.
Observar el espacio que hay entre mis dedos es empezar a recordarte.
Enumerar las formas que tengo de abrazarte es ganar al menos 4 segundos más de vida.

P.D.0: “Ecrispirar”: Verbo de raíz cortazariana. 1era Conjugación. Dícese de la acción de escribir como se respira.
P.D.1: Para los que “Ecrispiran” :)
P.D.2: Y en el RadioBlog un viejo amigo, Silvio Rodríguez con “Al final de la segunda Luna” :)
(Quizás una buena canción para un Aniversario :P)






















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