February 2, 2005

Vuelo 206

Sólo aprieta las gotas despacio

Escribir siempre fue mi forma de encontrarte las noches de invierno en las que hacerte llegar un abrazo de lana era un acto de cerrar los párpados, respirar hondo, y cruzar los dedos antes de que despegase el último avión de papel en los aeropuertos de cartulina. Periódico de hoy, café en 10 minutos de cucharilla, tu mano en el pulmón y una servilleta en la que sé dibujar tu nombre entre el abrigo. Construcción de escaleras de color hasta el cielo y hoy no gana la banca, si dejamos de temernos y no aceptamos nada que no nos haga crecer juntos. Poemas esculpidos en cartón para niños que saben que las cajas reciclables tienen probabilidades de ser algo más que el patito feo del vocabulario caducado en las apariencias de los envoltorios. Estar cerca a veces supone cosernos las heridas con el hilo del mismo costurero, compartir las geografías del cierre de sastre en las cicatrices, imaginarnos un taxímetro que enumera las veces en las que coinciden nuestros pasos al pisar el suelo. Hoy he dejado de contar los paracaídas y las cerillas que nos quedan para decidirnos a saltar. He abandonado las ganas de tenerle miedo a las voces en off, y a la sal, y a tu boca, y al todo, y a los silencios. La historia cíclica está harta de llorar las mismas frases no dichas, las mismas soledades de libro de bolsillo, los mismos errores de espiral archivados en las hemerotecas. Doy la cara. Estoy dispuesto a que me reconozcas por cada pedazo o me confundas por un mimo de cristal, un “tic” que camina, un verdugo, tus puñales o un pirata tuerto, antes que dejar de seguirte tendiendo mis líneas en los balcones y guiñarte el ojo izquierdo. Subo a la terraza. Soplo las veletas, sale cruz, un cinco en el parchís y hay un camino que se abre. No somos de metal. No somos de plástico. Yo no sé apagar las luces y tú no sabes programar despertadores. Llueve. Corro, boxeo, bailo, sangro. 206 huesos y tanto cemento. Encontrarte siempre fue mi forma de escribir. Si me das a elegir, estiro la palma, acerco los dedos. No te prometo nada. Sólo aprieta las gotas despacio. Nunca he estado tan vivo.






















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